Sensación de Eternidad

Plaza Jewell parece encerrar un misterio. He pasado muchos años, con empeño espiritual, intentando descifrar lo esencial que, al decir de Borges: “Siempre se pierde…” (58)-  eso que nos hace sentir al Club como nuestra segunda casa (59).

De algún modo supo expresar ese sentimiento Alejandra Gallerano, quien habiendo jugado al hockey en Plaza  fue luego integrante del Seleccionado Nacional en giras por México, Venezuela, Canadá, Alemania, Holanda, Islas Británicas, Malasia y Estados Unidos, dijo:

Yo regresé a Rosario después de visitar el Mundo, porque nunca se me ocurrió otra forma, jamás me sentí tan cómoda como me sentí y me siento acá en Rosario. Disfruté muchísimo de Rosario, con todas sus falencias, disfruté muchísimo de Plaza con todas sus falencias, yo me sentí totalmente involucrada con la actividad acá en Rosario, con ser siempre de Plaza, habrá sido por el orgullo que teníamos todas, porque no es cuestión mía sino que nos enseñaron desde chicas, que nosotras nos teníamos que sentir orgullosas de ser parte de un club como Plaza, eso caló hondo en la personalidad de todas, en la mía, y en lo personal puedo decir que a mí jamás se me ocurrió jugar al hockey en otro club, irme a otra ciudad, o irme a otro país. Yo siempre me sentí profundamente involucrada con la vida de Plaza y con la vida de Rosario (60).

Ese misterio está quizá enterrado bajo el césped, o está entre los árboles, o bajo el piso de madera de los salones, o alrededor de la pileta en la que aprendimos a nadar cuando éramos niños, o en el sentir de cada uno de los socios, en el sacrificio que se hace en cada casa por acondicionar, una y otra vez, ropas y botines llenos de barro; en cada práctica, donde se conjuga la vocación muchas veces silenciosa- de los entrenadores y jugadores, con la superación del cansancio que se trae de la calle y del calor o del frío según sea la estación del año; en la emoción de ver a los hijos salir a la cancha vistiendo los colores bordeaux y celeste; en las incomparables tardes de rugby; en las fiestas infantiles o el asado familiar en el rancho; en el recuerdo de los socios fallecidos.

Es esa sensación de eternidad que se percibe ante la vista de la Plaza Jewell  -la placita, como he escuchado decir en la tribuna del C.A.S.I.-   que por poco cabe en la palma de una mano pero que quizá requiere más tiempo que el de una vida humana para aprehender la esencia de su alma y de su Historia.

* Texto escrito por Manuel Funes y publicado en los números Nº50 y Nº51 correspondientes a los meses marzo y abril de 2007 de la Revista “Rosario, su historia” con motivo del 140 Aniversario del C.A.R.

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Notas bibliográficas 
(58) Borges, Jorge L.- La Luna. En : Obras completas. Bs. As., 1984, p. 818.-
(59) Sobre el Club  como nuestra segunda casa:  Cavazza, Carina y otros. La Fiesta del Deporte. C.A.R., Plaza Jewell, jugamos desde 1867. Ed. en VHS por Hernán Albano. Rosario, diciembre de 2003. Sobre el mismo concepto enunciado desde otra institución deportiva rosarina: Zuasnábar, Horacio de y González Herrero, Marisa. Duendes Rugby Club. La Leyenda. Rosario, 1999. Un ejemplar de este libro ha podido consultarse por gentileza de la srta. Constanza Boffelli. Sobre el sentimiento de amor hacia el club en que se ha nacido, en general, la película de Campanella, Juan José. Luna de Avellaneda. Buenos Aires, 2004.
(60)  Gallerano, Alejandra. Encuesta. Rosario, octubre de 2002 (inédita). Sobre la carrera deportiva de la mencionada, véase C.A.R., Breve reseña…, ob. cit., p. 3 y sgs.-