Una Familia de Héroes

FRANK WILLIAM EVANS, socio de Plaza, era un gran deportista, tenista y nadador. Junto a su esposa Joan Angel fueron tomados prisioneros en altamar por los alemanes, a finales de enero de 1941,  cuando se dirigían a Inglaterra desde Argentina, para enrolarse como voluntarios.

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Frank fue asesinado durante el viaje. Joan siguió como prisionera de guerra pasando por distintas prisiones (10)  en la Francia ocupada y, luego, en Alemania. Fue una verdadera heroína, sufriendo en condiciones deplorables.  Estaba embarazada pero no lo sabía. Frank murió sin saber que su hija venía en camino.  Finalmente “Frances” nació en diciembre de 1941, en una prisión de guerra en Ravensburg, Alemania.   Su nacimiento fue el primero de una ciudadana  inglesa en cautiverio en una prisión de guerra nazi. Fueron liberadas en 1943 y vinieron a vivir a Rosario, donde Frances se crió.

Joan Angel Evans jamás miró a otro hombre y le hablo a su hija Frances de su padre toda su vida hasta que falleció a los 92 años.

Frances Evans Bengtsson cuenta su historia, en el Libro: «Quiet Endurance», traducido al español como: «Giros del Destino». 

http://www.tintalibre.com.ar/book/87/Giros_del_Destino

Recomendamos la lectura de: “Puedo perdonar, pero nunca olvidaré” El coraje de una mujer. En memoria de Henrietta (Joan) Evans Por Frances Evans Bengtsson MBE

 

http://www.abcc.org.ar/history-articles/i-can-forgive-but-i-can-never-forget

Traducción al castellano.

Hacia el final de 2009  busqué una pequeña placa de metal que había guardado en manera segura en un alhajero. Era la placa de identificación de prisionera de mi madre que fue obligada a llevar en todo momento en el último campo de prisión alemán al que fue llevada en 1941, después de pasar por lo menos diez cárceles tanto en Francia ocupada como en Alemania.

El campo de prisioneros era Liebenau en Ravensburg, Alemania, donde dio a luz a la «primer bebé británico nacida en un campo nazi de prisioneros de guerra», era, yo. (*)

Decidí que había llegado la hora de dejar que la placa volviera a ver la luz del día y de que estuviera enmarcada junto con fotografías de mis padres y un itinerario más bien esbozado con la secuencia de acontecimientos que comenzaron en Buenos Aires cuando abordaron el predestinado y desafortunado vapor “Africa Star” en enero de 1941, su hundimiento por el corsario alemán «Kormoran», siendo llevados prisioneros y trasladado a otros dos buques alemanes, primero al «Nordmark» y luego al «Portland», en la que asesinaron a mi padre cuando llegaban a Burdeaux. En ese momento, mis padres no tenían ni idea de que yo estaba en camino.

Misteriosamente, desde que he sacado la placa de su escondite, la secuencia de acontecimientos en mi propia vida, en lo que respecta a todo este episodio, ha sido tan abrumadores que me encuentro inmersa en la más increíble, emocionalmente escalofriante, hermosos serie de descubrimientos que me dejan sin aliento.

Todo empezó con un correo electrónico de Tim Lough fechado el 20 de marzo de 2010 mencionando la visita de Peter Mulvany, Presidente de la Asociación de Familiares de Marineros de Irlanda, para ceremonias de colocación de ofrendas florales en los cementerios británicos y alemanes de Buenos Aires, así como también el memorial de Malvinas/Falklands en la Plaza San Martín. El mismo día recibí un correo electrónico de Dublín. El mismo Peter Mulvany escribió que a través de Tim se había enterado de que mis padres habían sido capturados por los alemanes después del hundimiento de la «Africa Star» y que su buen amigo Harry Callan, también de Dublín, ahora con 87 años, Había sido miembro de la tripulación de la «Africa Star» y recordaba bien a mis padres. En sucesivos correos electrónicos me enteré de que Harry estaba de hecho junto a mi padre cuando los alemanes abrieron fuego matando tanto a mi padre (de 27 años) como a un miembro de la tripulación de «Afric Star», Arthur Freeman (de 23). Harry recuerda todo. Como mi madre, después de llegar a Burdeaux pasó por los horrores de los campos de prisioneros nazis.

Este fue el comienzo de un flujo constante de correos electrónicos con Peter. Había conocido a dos de los hombres más amables que cualquiera podría desear conocer, aunque fuese a través de Internet. Peter fue a ver a Harry y le habló de mi existencia y Harry incluso me envió un mensaje de audio a través del teléfono de Peter con una introducción de Peter quien luego me la envió por correo electrónico. La emoción de este increíble descubrimiento fue grande, al igual que la agitación emocional. Peter y Harry estaban planeando una visita de Harry a Alemania, al Campamento de Prisioneros de Guerra de XB / Sandbostel, al campo de internamiento de marinos mercantes MILAG Nord y al campo de trabajo de esclavos Bremen Farge, en todos los cuales había estado prisionero. La fecha coincidió con el 65 aniversario de la liberación de Milag Nord. Habiendo establecido contacto conmigo, gracias al enlace de Tim, se decidió que la visita de Harry incluiría también un Memorial en el Cimetière St Bris de Villenave d’Ornon, Burdeos, donde están enterrados tanto mi padre como Arthur Freeman. Peter acompañó a Harry. Su salida coincidió con la nube de cenizas de Islandia que los obligó a cancelar sus vuelos e ir en barco a Cherbourg y de allí conducir a Burdeos.

Harry puso una corona de amapolas en la tumba de mi padre con un mensaje que le había dado a Peter: «Para mi héroe de por vida, el padre que nunca conocí – Frank William Jacob Evans – de su hija Frances».

También colocó dos cruces en memoria de mi madre y de Sheilagh Jagoe, ambas sobrevivientes del campo de prisioneros. Una corona de la amapolas fue colocada también en la tumba de Arthur Freeman. Esta ceremonia marcó el primer monumento en honor de mi padre y de Arthur Freeman.

A su regreso, Peter me envió inmediatamente un DVD con todas las ceremonias que tuvieron lugar durante lo que se llamó «Retorno del Héroe – Viaje del Recuerdo». Creo que puedo decir con toda honestidad que es el DVD más emocionante que he visto, y significa mucho para mí. Ni siquiera podía respirar mientras observaba a Harry y Peter de pie frente a las tumbas, honrando a mi padre y a Arthur Freeman.

Sus palabras eran bien conocidas para mí: «No envejecerán como nosotros los que quedamos envejecemos. La edad no los fatigará, ni los años los condenarán. A la puesta del sol y por la mañana los recordaremos”.

 “They shall grow not old as we who are left grow old.  Age shall not weary them nor the years condemn.   At the going down of the sun and in the morning we will remember them”. 

Mientras Harry y Peter estaban en su Viaje del Recuerdo, mi esposo Walter, que estaba buscando cosas para la “Venta de Garage” de La Cumbre, encontró una maleta familiar con los equipos de revelado fotográfico de mi padre, habiendo sido,  la fotografía su mayor afición. Pero dentro de la maleta también había una caja de cartón, ligeramente más pequeña que una caja de zapatos, que contenía cartas dirigidas a mi abuela materna. Entre otras, algunas escritas por mis primas cuando eran niñas, hay otras cuya escrituras me son familiares, cartas escritas por mi madre desde el campo de prisioneros Liebenau En Ravensburg, Alemania.

El campamento que era, y sigue siendo, un manicomio. El asilo donde Hitler ordenó la muerte de más de 500 pacientes, para dar cabida a los prisioneros. Hay también algunas otras cartas escritas por las señoras en el mismo campo – Sheilagh Jagoe (compañera pasajera de mis padres en la «Africa Star» que se convirtió en mi madrina en el campo), la pareja de otra compañera prisionera, la Sra. Whiltshire. También uno o dos de la madre de Sheilagh, de Inglaterra. No tenía ni idea de que todas esas cartas existían. El descubrimiento me dejó sin palabras.

He leído cuidadosamente cada carta y estoy en el proceso de clasificarlas todas. Enviaré las cartas de Sheilagh y de la señora Jagoe a la hija de Sheilagh, Caroline (a quien conocí durante su visita a Argentina hace algunos años), mis primos recibirán sus propias cartas. Y las cartas de mi madre se han convertido en el tesoro más precioso que jamás podría haber encontrado. Sólo cuando hubieron llegado a Liebenau, habiendo dejado atrás todas las espantosas cárceles que atravesaron, se les permitió escribir sin garantías.

De hecho, ella me preguntó desesperadamente si mi abuela estaba recibiendo sus cartas ya que mamá estaba recibiendo pocas respuestas (cuando yo era joven me mostró sólo un puñado de cartas que recibió de su casa pero estaban tan censuradas que era casi imposible entender o tener sentido de lo que fue escrito). Así que mi madre escribió el número permitido de cartas. Su caligrafía era casi microscópica para poder llegar lo más posible a las veinticuatro líneas permitidas. Y obviamente era muy cuidadosa con los contenidos. Nunca mencionó los sótanos oscuros, los pobres locos de esos sótanos, encerrados en las celdas y tratando de agarrarla, la tortura psicológica. Nunca se quejó.

Sus primeras cartas estaban llenas de desesperación, soledad y claramente mostraban lo devastada que estaba por la pérdida de mi padre. Incluso mencionó «poner fin a todo» como «no puedo imaginar una vida sin Frank». Pero no podía soportar la idea de que la gente la compadeciera. Era importante mantener postura y entereza. Con el tiempo su principal preocupación parece haber sido que sus padres no se preocuparan por ella y ella repetidamente dijo que estaba bien. En cada carta le preguntó por el adorado cachorrito fox terrier que mi padre le había dado. A “Chips” lo habían dejado con mis abuelos. Y así ella escribió sus veinticuatro líneas diciendo cómo ella usó la cuerda de los paquetes de la Cruz Roja para tejer cualquier cosa vieja, cómo ella hizo una pequeña estantería de una caja de la Cruz Roja etc. – siempre tratando de mantener sus manos y mente ocupadas. Pero siendo su hija, puedo ver la desesperación detrás de sus valientes palabras.

Y entonces, de repente, descubrió que lo que había pensado que era shock, era de hecho un bebé en camino. El deseo de vivir volvió. La esperanza volvió a su vida. Empezó a hablar de un posible futuro con su bebé, de la libertad que tanto ansiaba. Mencionó rezar para que su bebé tuviera un destino mejor que el que había tenido. Si fuera un muchacho, tendría el nombre completo de Frank (Frank William Jacob), si fuera una niña se llamaría Frances Winifred Joan que coincidía con las iniciales de Frank. Y empezó a tejer ropa de bebé de cualquier cosa que pudiera poner en sus manos. Cuando la Cruz Roja oyó hablar del bebé, fueron maravillosos al enviarle sus materiales para prepararse para el nacimiento.

Casi la perdí cuando nací en el hospital del campo de prisioneros. La desnutrición y los meses de horror por los que había pasado tuvieron sus efectos. Después de 17 horas de trabajo de parto, me sacaron con fórceps. Estuve casi dos meses de atraso. A partir de entonces, la vida sólo giró alrededor de mí aun hasta su muerte aquí en La Cumbre el 15 de febrero de 2005, a los 92 años.

Había pensado en copiar párrafos de sus cartas, son tan interesantes. Pero son demasiado privadas. Ella no hubiera querido que yo las publicara. Han reforzado lo que siempre sentí – que mi madre era una persona excepcionalmente valiente, amable y amorosa. Ella no merecía los horrores que tuvo que atravesar, pero los soportó valientemente con su tímida, tranquila y discreta manera. Siempre decía que tenía que aprender a perdonar. «Puedo perdonar, pero nunca olvidaré» fueron a menudo sus palabras y tengo que admitir que las encontré difíciles de aceptar.

Todos estos eventos han tenido lugar en los últimos dos meses y medio. ¿Una mera coincidencia? … o todo esto me ha sido enviado para un propósito? Creo que sé la respuesta ahora.